65 Al Dios cuyo poder en cielo y tierra
Nº 65
Al Dios cuyo poder en cielo y tierra
sabio y piadoso brilla;
al que adoran los ángeles postrados,
dóblese la rodilla.
Canta su nombre y su poder bendice,
su mandato obedece
y aspira ansioso al galardón eterno
que en su reino ofrece.
No ante leño de joyas adornado
dobles tu noble frente.
No profanes así el excelso nombre
del Dios omnipotente.
Ni el nombre santo temerario insultes
con vano juramento,
si no quieres que postre tu osadía
de Dios el escarmiento.
En tu espíritu graba estos preceptos
como en la piedra dura,
y verás que en tu vida se derraman
torrentes de ventura.
Mateo Cosidó
1825-1870
Mateo Cosidó nació en Tortosa (Tarragona), probablemente en el año 1825. Marchó a vivir a Burdeos (Francia) donde conoció el evangelio y se convirtió a finales de 1857, a través del evangelista sevillano Manuel Pinto, quien como no tenía materiales impresos predicaba mediante la palabra hablada.
En el año 1858, siendo agente de la Sociedad Bíblica Francesa, fue cedido al Comité de París, donde siguió trabajando para propagar el evangelio, y eso le llevó a viajar al sur de Francia, llegando hasta el Valle de Aran. Ayudado por la Societé Bíblique Protestante y la Societé Evangélique, dedicó todo su empuje y su esfuerzo a la difusión de las Sagradas Escrituras, usando ya versiones de Reina-Valera y no traducciones católicas.
Antes de la Revolución Gloriosa se marchó a trabajar a Madrid y después de la revolución comenzó a cooperar con William Gould de las Asambleas de Hermanos.
Su gran afición a escribir poesía le llevó a escribir himnos que todavía en la actualidad siguen siendo muy conocidos en nuestras iglesias.
En el año 1870, Cosidó estaba pasando un mes en Barcelona cuando la epidemia de fiebre amarilla causó verdaderos estragos entre la población, y después de predicar en la iglesia de la Barceloneta, se dirigió a Valencia para abrir una obra nueva , de camino se quedó unos días con su familia en Tortosa donde empezó a notar los síntomas de la enfermedad, fue puesto en cuarentena y después de esta murió.
Su viuda Dolores Rollan, maestra de profesión, fue reclamada por el amigo de Mateo Cosidó, el misionero George Lawrence, quien la hizo venir a Barcelona junto con su hijo, para que trabajara en sus escuelas, entrando a formar parte de la Asamblea de Hermanos de la calle Ferlandina (Barcelona).
Fuente: Noemí Cortés
